lunes, 8 de marzo de 2010

Análisis critico de la televisión: la TV y su vínculo con los espectadores

La televisión se ha convertido en el medio masivo por excelencia, de ahí la necesidad de elaborar pautas de consumo crítico desde la escuela. Para ello, los docentes debemos tener en cuenta no solamente los contenidos de la televisión, sino el vínculo que desarrollamos con ella como tecnología. Se proponen aquí algunas líneas de reflexión para ser aprovechadas en la tarea educativa.

Artículo publicado en Espacio Educativo, Publicación del Sindicato Argentino de Docentes Privados, Julio de 2006, (pp. 45-50).


El medio es el mensaje

Cuando se habla de televisión, al menos en el ámbito educativo, siempre se pone el énfasis en los contenidos, en los programas, pero se desconoce lo más importante: el vínculo que desarrollamos con la televisión como medio tecnológico.

El pensador canadiense Marshall McLuhan acuñó hace unos años
[1] una frase que se convirtió en slogan: el medio es el mensaje. Esto quiere decir que el verdadero mensaje de un medio son los cambios que éste produce en el entorno en el que se inserta. Según McLuhan, las sociedades han sido moldeadas siempre más por el tipo de medios con los que se comunican sus ciudadanos que por el contenido de la comunicación. Los medios modifican el ambiente y, a partir de ahí, suscitan nuevas percepciones sensoriales. Esto no quiere decir que los contenidos no tengan importancia, pero un análisis crítico de la televisión no puede hacerse sin reflexionar sobre los efectos que genera en su relación con los espectadores.
Otra de las ideas de McLuhan es que los medios técnicos pueden ser entendidas como prolongaciones de alguna facultad humana. De esta forma, la pala mecánica sería la prolongación de la mano, el automóvil del pie, la radio del oído, la televisión de la vista y el oído, etc. Pero los medios no modifican sólo una facultad, sino todo el complejo físico y psíquico de la persona, su manera de pensar, de percibir al mundo y de actuar. Podemos decir entonces que la televisión ha modificado nuestra forma de percibir el mundo. Ahora vamos a caracterizar esa transformación.


Características del medio televisivo en su relación con el espectador

De acuerdo al planteamiento de autores como Joan Ferrés
[2] y José Manuel Pérez Tornero[3] definiremos las características de la televisión como medio de acuerdo a los efectos que produce sobre la audiencia y al vínculo que se genera con ella.

  1. Hiperestimulación sensorial
La televisión utiliza diferentes recursos para captar la atención del espectador. Entre esos elementos podemos destacar:
-         el movimiento: nos referimos tanto al movimiento dentro del encuadre como a los movimientos de cámara y al montaje
-         ritmo veloz: la sucesión de planos es cada vez más rápida. Esto provoca la necesidad del cambio constante
-         sonido: muchas veces se consume televisión sólo para que funcione como fondo musical.
Estos factores producen modificaciones en los procesos mentales.
 
  1. El zapping
El ritmo y el movimiento constante provocan en el espectador la necesidad de cambiar aún más el propio relato televisivo, provocando una fragmentación mayor.
En EE.UU. se distinguen diversas modalidades de uso del control remoto:
-         zapping: cambio de canal durante una emisión, sobre todo durante las interrupciones publicitarias
-         zipping: aceleración de la lectura de las imágenes de un magnetoscopio o videocasetera para evitar las interrupciones publicitarias o para saltar un fragmento poco gratificación
-         grazzing: salto constante de canal con la intención de seguir varios programas a la vez
-         flipping: cambio de canal durante una emisión sin otra intención que el simple placer del cambio
De acuerdo a algunos estudios, el zapping es cada vez más una práctica tendente a incrementar la estimulación sensorial, y no a evitar los mensajes publicitarios.

  1. Visión fragmentada de la realidad y cultura mosaico
El movimiento, la aceleración del ritmo de los planos, el zapping.... todos estos elementos propios de la hipertestimulación sensorial que propone la TV ofrecen una visión fragmentada y compartimentada de la realidad. La gratificación sensorial se vuelve un fin en sí misma y siempre se espera algo que sorprenda. 
Este tipo de relación con la realidad a través de la TV produce la formación de una cultura mosaico. Mientras la cultura tradicional era limitada en conocimientos, pero organizada, coherente, estructurada, la cultura mosaico se caracteriza por el desorden, la dispersión y el caos aleatorio. . Las informaciones, las publicidades, los programas ofrecen una variedad y una mezcla difícil de integrar. La televisión favorece entonces un tipo de saber disperso, compartimentado, descontextualizado, incoherente.

  1. Texto verbal versus imagen
Históricamente, hubo una diferencia fundamental entre las palabras y las imágenes
Texto verbal
Imagen
Universo estático
Universo dinámico
Privilegia la reflexión
Privilegia la gratificación sensorial
Es una abstracción de la experiencia
Es una representación concreta de la experiencia
Privilegia el conocer
Privilegia el reconocer
La decodificación de los signos exige complejas operaciones analíticas  y racionales
La decodificación es casi automática, instantánea
La información pasa por varios controles de análisis y comprensión antes de formar parte del acervo mental
La información se cuela sin apenas modificaciones
La lectura potencia la capacidad de pensamiento lógico, lineal, secuencial
La imagen potencia el pensamiento visual, intuitivo y global
La lectura favorece la capacidad de distanciarse de los signos
La imagen favorece la implicación emotiva de los signos
En la lectura el sujeto controla la experiencia
En la TV el medio controla la experiencia
La lectura supone una actitud de concentración
Basta sólo con una actitud de apertura
Privilegia la abstracción y lo conceptual
Privilegia la percepción y lo sensitivo
Provoca respuestas de carácter racional
Provoca respuestas de carácter emotivo
Provoca respuestas de tipo "estoy de acuerdo" / "no estoy de acuerdo"
Provoca respuestas de tipo "me gusta" / "no me gusta"

Sin embargo, más allá de esta oposición un tanto esquemática entre palabra e imagen sostenida por Ferrés, hay que marcar una posición intermedia. Pérez Tornero sostiene que la televisión suele presentarse como la antípoda del libro, como un artefacto de valores muy distintos, casi opuestos a los valores de éste: la emotividad frente a la racionalidad, la confusión frente al análisis, primitivismo frente a elaboración, intuición frente a lógica. Pero todo ello es producto de un serio malentendido: ni la televisión es sólo imagen, sino palabra e, incluso, texto, y la imagen no puede ser entendida tal y como nos es descrita desde un pensamiento largamente influido por el prejuicio logocéntrico (centrado en la palabra como vehículo exclusivo del saber). La palabra, incluso la escrita, no es la guardiana exclusiva del raciocinio lúcido ni la imagen está incapacitada para provocar cursos de pensamiento libres y racionales.  La imagen no se presenta sólo como un golpe de intuición, se construye en la mente del receptor a partir de su sucesión temporal. Como el lenguaje hablado, se desarrolla en el tiempo, permitiendo, en consecuencia, el curso del pensamiento y la imaginación.
Podemos zanjar la disputa entre los dos autores diciendo que palabra e imagen fomentan distintos tipos de pensamientos. No es recomendable pararse desde ninguno de los dos bandos (el de la imagen y el de la palabra) para hablar de las características del otro. Es más prudente desarrollar una posición intermedia que rescate lo positivo de cada una de estas formas de comunicar.

  1. Mediatización de las experiencias
El acceso a las experiencias mediatizadas es con frecuencia en detrimento de las experiencias directas. Las representaciones sustituyen el contacto directo con la realidad. Si de acuerdo a los psicólogos no nos limitamos a tener experiencias, sino que somos nuestras experiencias, la TV tiende a producir un efecto de igualamiento entre las personas. La cultura industrializada aumenta a la vez la madurez en los niños y el infantilismo en los adultos.
Puede producirse insensibilización en los espectadores por saturación de informaciones, por irrelevancia de las mismas o por un mecanismo defensivo de delegación de responsabilidades. Son tantos y tan graves los problemas sobre los que se recibe información que sobrepasan cualquier posibilidad de intervención personal, de manera que se produce un mecanismo de defensa, de inmunización. La imposibilidad de mediar en los acontecimientos exime al espectador de toda responsabilidad. Si la cámara sustituye visualmente al espectador, ya que le permite estar presente en los más insospechados acontecimientos, los periodistas y técnicos lo sustituyen moralmente. Al ser mediadores entre el espectador y el conflicto, sirven para tranquilizarlo. Del "lo podemos ver todo" o "nos lo muestran todo" se llega a la convicción implícita de que "todo está controlado" y, por lo tanto, "no hace falta actuar". La televisión propone entonces una participación emotiva, una participación por delegación.

  1. La TV como agente de consumo
Lo propio de la televisión es vender: ideas, valores o productos. Pero también la TV debe venderse a sí misma y para incrementar el consumo y obtener el máximo de audiencia, el propio medio debe convertirse en objeto de consumo. Esto provoca que todos los programas (desde las novelas, las series y hasta los noticieros) incorporen cada vez más los parámetros expresivos propios del discurso publicitario. Además, la publicidad está presente en todos los programas, no sólo en las pausas sino en el interior de los mismos. La publicidad es el único elemento que le da coherencia a una programación dispersa y aleatoria.

Para lograr este objetivo,
la TV debe lograr conservar el contacto a cualquier precio, que el espectador no cambie de canal ni apague el televisor. Entonces, el verdadero cliente no es el espectador sino el anunciante. La televisión debe servir al anunciante porque éste hace posible la televisión. Y el único sistema para servir al anunciante es proporcionarle la mayor audiencia posible.

Según McLuhan, las noticias verdaderas son malas noticias, mientras que los anuncios publicitarios son las buenas noticias. En
la TV, para equilibrar el efecto y para poder vender buenas noticias es necesario contar con malas noticias. Ésta es la lógica interna del medio.
Para garantizar la audiencia toda la televisión acaba convirtiéndose en mercancía. Cualquier programa, cualquier serie pierden rápidamente su interés. En cuanto han sido consumidos, necesitan ser reemplazados inmediatamente por otros. Los canales de TV se ven obligados a publicitar constantemente sus programas como publicitan cualquier otro objeto de consumo. La estrategia de este tipo de publicidad es similar a la de la publicidad convencional: se trata de convertir los programas en objetos de deseo, en mercancías atractivas y asequibles. El espectador medio acaba interiorizando la actitud consumista a la que se le incita. No tiende a contemplar la televisión, sino a consumirla; es decir, no tiende a ver sólo aquello que le interesa, a seleccionar lo que le gusta y a apagar el televisor cuando no le gusta, sino a mantener siempre el aparato en marcha, haciendo zapping si hace falta, con la esperanza de que se producirá el milagro, de que llegarán las imágenes fascinantes que el medio promete siempre en su autopromoción.

  1. La realidad como espectáculo
La TV es espectáculo, por una parte, porque selecciona aquella parte de la realidad que responde mejor a las exigencias espectaculares; por otra, porque impone una tratamiento espectacular a cualquier realidad a la que se aproxima.
El caso de los noticieros es aleccionador: el espectáculo comienza con las noticias más duras: muertes, atentados, accidentes, enfrentamientos... para el final se reservan informaciones que garanticen un final feliz: deportes y demás noticias amables. Las músicas contribuyen a la fiesta mediante una adecuada ritualización del discurso.

Parte del mismo fenómeno de espectacularización de la realidad los constituyen los efectos de trivialización y descontextualización de las informaciones. Los noticieros dan prioridad a las imágenes espectaculares (desórdenes en las calles, catástrofes, guerras) y, debido a esta selección realizada en nombre de la calidad visual, se ve condenado a favorecer la anécdota y lo superficial, a especular con lo emocional insistiendo en la dramatización
[4].
Esta trivialización se pone de manifiesto en el eslogan de la cadena de radio WINS de Nueva York: "Dénos 22 minutos y le daremos el mundo".

  1. Televisión y mecanismos psicológicos
La identificación y la proyección son los dos mecanismos psicológicos de transferencia  mediante los que el espectador se integra emocionalmente en el espectáculo.
La identificación se produce cuando el espectador asume emotivamente el punto de vista de un personaje, al considerarlo un reflejo de su propia situación vital o de sus sueños e ideales.
La proyección, en cambio, se produce cuando el espectador vierte una serie de sentimientos propios (amor, odio, compasión, deseo sexual, etc.) sobre unos personajes de la fabulación.

En el espectáculo audiovisual el placer se incrementa porque la intensa participación psíquica y afectiva se produce sin necesidad de compromisos ni riesgos. Al igual que en la tragedia griega, el espectáculo audiovisual ofrece al espectador una imitación (
mímesis) de una acción y, mediante la compasión (éleos) y el temor (fobos), se produce en él la purificación (catarsis) de sus emociones.

El
suspense, con el que se demora la resolución de los conflictos, permite al inconsciente del espectador poner en marcha los mecanismos de identificación y proyección. El espectador vive estos conflictos como expresión metafórica o simbólica de sus propios conflictos y tensiones internas. De este modo los va elaborando, con la tensión conciente o inconsciente de liberarse de ellos.

Estos mecanismos se hacen evidentes en los programas de humor (nos reímos
del cómico -proyección- y con el cómico -identificación), de concursos (identificación con el vencedor, proyección de todo tipo de sadismos con los humillados por una cámara oculta, por ejemplo), en los informativos (se presenta a personaje como blanco para proyectar todo tipo de odios) y también en los mitos sociales (personajes del jet set o la farándula, del deporte y el espectáculo...., personas a las que se inviste de atributos míticos de belleza, seducción, fuerza, poder)

  1. El mito de la objetividad
La credibilidad de la imagen televisiva, la sensación de objetividad que produce, proviene, en primer lugar, de la credibilidad con la que tradicionalmente ha estado investida la imagen en la cultura occidental. Normalmente se considera que lo específico de la TV es el directo, la transmisión en vivo, que tiene todos los requisitos de la verosimilitud: adecuación entre el tiempo real y el tiempo representado, tanto desde el punto de vista de la duración como desde el de a simultaneidad.

Una de la formas más comunes de referirse a la televisión es la metáfora de la
ventana abierta al mundo. La expresión conecta con la pretendida objetividad de la información televisiva. Las letras son signos, las imágenes, en cambio, son realidades. Mientras que el lector de un texto es consciente de que aquel texto es un discurso, de que hay un mediador que lo ha elaborado seleccionando y organizando los signos, de que, en consecuencia, está leyendo una opinión. El que contempla una imagen o un noticiero, está convencido de que se le ha abierto una ventana a la realidad, de que lo que ve es la verdad, en forma nítida y transparente. Aparentemente en la imagen televisiva no hay mediación ni discurso, porque no hay signos sino realidades. Esta ilusión de verosimilitud incrementa la impresión de que la televisión es una tecnología neutra, transparente, que se limita a reproducir la realidad tal como es.

En realidad, la objetividad de la información televisiva es una falacia: no existe ventana al mundo, no existe transparencia, no puede haberla. Toda información es discurso, opinión, implica ideología y produce ideología.

Esto se manifiesta, por ejemplo, en el proceso de selección de contenidos que hacen los noticieros. Se seleccionan unos hechos entre muchos posibles y se ocultan los motivos de la selección. Más aún, se pretende aparentar que no ha habido selección, se pretende ocultar que hay construcción. Esto se evidencia, por ejemplo, en las palabras del antiguo conductor del noticiero de Canal 13,
En síntesis, Santo Biasati: "En síntesis, esto es lo importante".

  1. El efecto de saturación
En un determinado momento, la televisión descubre un territorio simbólico que le es propicio, sea el Mundial de Fútbol, el Oeste americano, las crónicas de sucesos, los detectives de Miami, las declaraciones de amor entre gente corriente, el reencuentro entre familiares, etc. Inicia entonces su explotación por todos los modos posibles. En un segundo momento, después de un tiempo, la competitividad entre los canales y las productoras o la intensidad del cultivo a que se ha sometido esa zona del imaginario logra llenar la pantalla de elementos simbólicos muy similares que se parecen enormemente los unos s los otros y que aparecen con una intensidad apabullante. En un tercer momento, el telespectador tiene delante de sí un mismo mensaje variado hasta la saciedad. Lo que en principio fue original y tuvo el atractivo de lo singular acaba siendo repetitivo y cansino. Sobreviene, entonces, el rechazo por saturación y vemos en ese momento a la televisión marchar hacia la conquista de nuevos territorios.

  1. El mito de la pasividad del espectador
La crítica que se ha hecho tradicionalmente a la televisión ha insistido, a veces de manera simplista, en los conceptos de pasividad y manipulación. Como si el espectador fuera una especie de esponja que absorbe todo lo que se le echa. La realidad es mucho más compleja. La prueba de que el espectador no es como una esponja es que un mismo estímulo provoca en diversos espectadores reacciones distintas. Tan importante como lo que la televisión hace con el espectador es lo que el espectador hace con la televisión. La experiencia televisiva es el resultado de un juego de interacciones. Las teorías cognitivistas presentan la percepción y el conocimiento como una construcción establecida por el modo general de la confrontación de hipótesis (fundadas a su vez en esquemas mentales, algunos innatos, otros nacidos de la experiencia) con los datos proporcionados por los órganos de los sentidos.
La percepción es selectiva. El sujeto interviene de manera activa en la percepción a través de la selección y la interpretación. Selecciona aquello que es significativo para él. Y lo interpreta desde sus propios esquemas mentales, su estructura cognitiva. Por otra parte, las ideas, las convicciones, los valores actúan como mecanismos de defensa contra todos aquellos mensajes que puedan resultar perturbadores, hasta el punto de que a veces el espectador distorsiona la realidad percibida para adaptarla a las propias expectativas. 



FUENTES:

Ferrés, Joan, Televisión y educación, Barcelona, Paidós, 1994
McLuhan, Marshall, Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Barcelona, Paidós, 1996
Pérez Tornero, José Manuel, El desafío educativo de la televisión, Barcelona, Paidós, 1994
Ramonet, Ignacio, La golosina visual. Imágenes sobre el consumo, Barcelona, Gustavo Gili, 1983



[1] McLuhan, Marshall, Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, (Barcelona), Paidós, 1996
[2] Ferrés, Joan, Televisión y educación, (Barcelona), Paidós, 1994
[3] Pérez Tornero, José Manuel, El desafío educativo de la televisión, (Barcelona), Paidós, 1994
[4] Ramonet, Ignacio, La golosina visual. Imágenes sobre el consumo, (Barcelona), Gustavo Gili, 1983

4 comentarios:

  1. buen post me sirvio para un trebajo muxas gracias Salu2

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  2. me parece que esto me dejo muy bien informado gracias a todos (="=) t q m......

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  3. Video humorístico ilustrando lo que está tan bien escrito en este post:
    http://www.youtube.com/watch?v=7Nw3rD0Osvo

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  4. Gracias por los comentarios y el video, me alegro que haya sido de utilidad.

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