sábado, 5 de marzo de 2011

María Teresa Lugo: “Una escuela innovadora no sólo transmite información, sino que gestiona democráticamente el conocimiento”

La docente investigadora del  Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación de  UNESCO, Sede Regional Buenos Aires (IIPE) apuesta por una escuela que incluya a las TIC como “ventana de oportunidades” para la mejora de la enseñanza y el aprendizaje, lo cual requiere de políticas con una fuerte intervención del Estado y con una capacitación de los docentes que permita resignificarlas como aliadas de la tarea escolar.

Entrevista realizada junto a Mónica Vega y Verónica DIma y publicada en Espacio Educativo, publicación del Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP) Seccional Ciudad de Buenos Aires, noviembre de 2010 (ver más en http://www.espacioeducativo.org.ar/)
 
Liderar el cambio

En líneas generales, ¿qué cambios deben darse en la nueva Escuela Secundaria para que sea posible una inclusión de la tecnología con calidad?
El desafío de la reforma de la escuela secundaria está relacionado, entre otros temas,  con pensar la implementación de procesos genuinamente innovadores que apunten a lograr mejores y potentes aprendizajes en los estudiantes. Se trata de no seguir haciendo “más de lo mismo”.  Hoy un sujeto alfabetizado, además de leer y escribir,  tiene que ser capaz de interaccionar con un sistema de menús mediante un teclado, un mouse y pantalla, navegar a través de documentos hipertextuales sin perderse, conocer mecanismos y procedimientos para grabar imágenes, procesarlas y difundirlas en un sitio web, tener las destrezas para buscar datos en la Red, saber discriminar y otorgar significados a las informaciones, escribir un documento y enviarlo por correo electrónico o por SMS, participar en foros, subir fotos, videos o presentaciones de Power Point para compartirlos, participar de Redes sociales, comentar Blogs académicos, abrir un Blog personal, etc.  Para poder lograrlo, la escuela de hoy -a diferencia de la escuela del siglo XIX que apuntaba a alfabetizar accediendo a la cultura impresa- se complejiza y enriquece con la enseñanza de tres alfabetizaciones: la lectoescritura, la audiovisual y la digital.

Pero, ¿qué hace falta para llegar a esos objetivos?
Llevar adelante estos retos no es tarea fácil. Se hace imprescindible diseñar nuevas configuraciones institucionales, nuevos “formatos de enseñanza y de aprendizaje” que impliquen romper con los paradigmas más tradicionales de la escuela. Cómo se organizan los tiempos y se gestionan los espacios, cómo se gestionan los agrupamientos, la presencialidad y la virtualidad, son algunas de las señales que nos da esta escuela pensada para otro contexto sociohistórico. La paradoja es que tenemos, en muchos casos, una  escuela que fue pensada para el siglo XIX, con docentes formados en y para el siglo XX y con alumnos del siglo XXI.  
Por otra parte, implementar procesos de innovación y cambio en la escuela requiere pensar en términos de procesos culturales que impactan tanto a nivel de estas configuraciones de la organización y gestión de la escuela, como de los actores institucionales; es decir, los nuevos roles necesarios como el referente tecnológico, cómo se perfilan los roles docentes y también cómo pensamos el rol del directivo, que de alguna manera tiene que empezar a adquirir nuevas competencias vinculadas con la conducción y el liderazgo de procesos de cambio. No podemos olvidar que incluso el estudiante también adquiere nuevos roles.
Concebir que el cambio se pueda gestionar y que este cambio requiere determinadas condiciones de viabilidad hace que se vuelva necesario mirar con  prudencia no solamente el “qué” sino también el “cómo” se va a llevar adelante. Creo que hay consenso en relación con que estos nuevos formatos o configuraciones son necesarios, importantes, imprescindibles. Pero, también tenemos que llegar al consenso con relación a este “cómo”, a la manera de ir alcanzando estas nuevas formas de enseñar y aprender.

¿Qué lugar ocupan las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) en estos procesos de innovación, teniendo en cuenta las fuertes desigualdades de acceso que existen en nuestro país?
No hay evidencia empírica que sostenga que la inclusión de tecnología en las aulas promueve “per se” mejores rendimientos en los estudiantes y mejoras en la calidad educativa del sistema. Las TIC, a pesar de nuestros deseos y esfuerzos, no han transformado de manera profunda la educación. No estoy diciendo con esto que no vale la pena la integración TIC en la escuela, sino que es razonable que nos alejemos de visiones idealizadas que le otorgan un poder casi mágico para resolver los problemas de inequidad, la mejora de la calidad educativa, la deserción y la repitencia, la motivación de los estudiantes por el aprendizaje o la adecuada formación docente. La integración de las TIC en la escuela Secundaria la podemos pensar desde esta idea de “ventana de oportunidades”. Es decir, si yo estoy pensando las TIC más como oportunidad que como garantía de innovación, habilito para probar nuevas estrategias vinculadas tanto con la manera de enseñar como con la manera de aprender.

Pero, ¿por qué vale la pena integrar las TIC en escuelas que quizás aparentemente tienen otras necesidades prioritarias?
Hay dos dimensiones para pensar esto. En primer lugar, la dimensión social: si queremos escuelas que garanticen mayor justicia social, mayor equidad con calidad, tenemos que poder concebirlas con las  TIC. Esto no quiere decir que, porque haya TIC en las escuelas, esto va a dar como resultado inclusión. Pero sí podemos decir que para estos alumnos que asisten a las escuelas va a ser realmente un elemento diferencial. Es decir, les va a permitir estar más incluidos, más cerca de un proyecto democrático, porque en definitiva estamos hablando de eso, de cómo hacer para que en nuestras escuelas haya proyectos inclusivos con equidad, con calidad y democráticos.  Las TIC pueden hacer  realidad que la escuela sea el lugar privilegiado para la inclusión en cuanto a la transmisión del patrimonio cultural y la apropiación de saberes relevantes  para una sociedad más justa. Por otra parte, permiten democratizar los saberes y reconocer las distintas trayectorias de los estudiantes, y –finalmente- una posibilidad no menor es que colaboran con las estrategias de acceso para  sectores vulnerables: adultos, personas con capacidades diferentes, indígenas, personas en contexto de encierro, entre otros.
Por otra parte, el docente debe tener nuevas competencias para poder guiar y orientar a sus alumnos en esta búsqueda de información, para ayudarlos a que encuentren mayor autonomía en su aprendizaje y para que puedan aprender a trabajar en equipo. Estas nuevas competencias de los docentes nos llevan a la segunda dimensión, que es la pedagógica. Hoy sabemos que los alumnos no aprenden solos, que necesitan contrastar hipótesis con otros, que se necesitan distintas fuentes de información; y en este sentido, en esta idea de la co-construcción del aprendizaje, las TIC hacen una diferencia. Por la interacción que promueven, facilitan la indagación de nuevos escenarios y promueven la apertura a lo que ocurre en el mundo. Hablo también de una oportunidad para ampliar la mirada hacia una formación en valores que apunte a una convivencia pluralista, con solidaridad, aceptación de las diferencias y respeto mutuo.
En síntesis, muchas veces creemos que por integrar una computadora o tener un laboratorio, garantizamos que realmente haya un cambio pedagógico y la realidad es que no alcanza. Lo que puedo hacer es pensarlos como puertas de entrada para cambios de otro orden. En el IIPE UNESCO hemos desarrollado estudios  comparados de cómo se integra la tecnología en otras parte del mundo y se sabe que los modelos que fracasan son los que otorgan a la infraestructura la importancia suprema del proceso y no vienen acompañados de una capacitación docente para el uso pedagógico de esa tecnología. Incluso más, sabemos que los modelos de capacitación exitosos superan el típico formato curso y se decantan hacia experiencias más vinculadas con las necesidades de la escuela y del docente.

¿Qué ejemplos podemos encontrar de lo que Ud. denomina la primera dimensión en la inclusión de las TIC en la enseñanza?
Prácticamente todos los países de la región han tomado debida cuenta de la importancia de integrar las TIC en sus proyectos educativos como una forma de lograr proyectos democráticos de  inclusión y justicia. De esta manera, vienen desarrollando iniciativas de integración TIC a sus sistemas educativos, que se encuentran en diferentes etapas de desarrollo y presentan distintas modalidades. Por ejemplo, el Plan Ceibal de Uruguay es un modelo inclusivo. Ellos lo consideran más que como un proyecto pedagógico, un proyecto social; es un proyecto de inclusión social. En Argentina también tenemos algunas experiencias: la provincia de San Luis tiene un programa que se llama “Todos los chicos en la red”, que también está en esta sintonía de ofrecer este modelo, lo que se denomina “Modelo uno a uno”, una computadora por niño, que apunta a esta idea de que las TIC valen la pena como proyecto de inclusión social. Otras iniciativas como el programa del Ministerio de Educación de la Nación “Conectar Igualdad” o la experiencia que se está llevando a cabo en La Rioja son otros ejemplos al respecto.

¿Qué puede aportar el sector privado a este proyecto de inclusión de las TIC en la escuela?
Cuando pensamos en el rol del Estado en relación con estos procesos de integración de TIC, la mesa de acuerdos tiene que ampliarse con otros actores, como por ejemplo el sector privado, tanto a nivel de infraestructura y del software como a nivel también de la conectividad y de los contenidos; porque hoy el mayor problema es el acceso a Internet, más que las computadoras o los equipos. En este sentido la brecha de desigualdades internas del país lo indica. Es decir, también los accesos a Internet están concentrados en los centros urbanos, y en las zonas rurales hay menos posibilidades de conectividad. Entonces, aquí es donde me parece que el Estado tiene mucho para hacer y para decir también. Un Estado fuerte que pueda acompañar estos procesos de concertación para garantizar la “intención con contención”, por ejemplo en el  tema de la conectividad. Al respecto es interesante el modelo que aplica Uruguay o San Luis en Argentina, que van integrando las TIC de la periferia al centro.



Las TIC no tienen edad

Cuando se habla de inclusión de TIC en la escuela se piensa principalmente en los chicos, pero hay que tener en cuenta a los docentes…
Para los docentes las TIC posibilitan el acceso a redes de conocimiento, a foros de recursos abiertos en Internet donde los propios docentes suben sus materiales y sus recursos y cuentan cómo están enseñando, y eso creo que es otra de las cuestiones a destacar en la inclusión de tecnología, tanto a nivel de los alumnos como de los docentes. Debe haber un traslado del modelo de solamente consumir conocimientos a producirlos; y también debe haber un cambio hacia un modelo donde los recursos, los contenidos y el conocimiento se compartan, y en ese compartir es donde puedo usar a las TIC como una aliada en el proceso de cambio, sabiendo cómo se hace en otras partes, cómo mi conocimiento puede servirle a otro. Me refiero a  democratizar el conocimiento y a generar comunidades de práctica.

¿Qué rol tiene el Estado en este punto?
Y en este proceso el Estado tiene un rol fundamental a nivel de las políticas. Es decir, el rol del Estado también se tensiona hacia un modelo donde pueda ser garante de calidad de los contenidos, garante de calidad de los recursos que circulan. Un Estado fuerte que vele por  la transparencia de las compras que se realizan (ustedes saben que todo lo que es integración de tecnología implica altos costos) y una administración educativa que diseñe modelos de capacitación y de formación docente que acompañen todo esto; porque lo que los docentes muchas veces perciben es que no tienen el bagaje de  herramientas (y no me refiero sólo a las informáticas) para poder llevar a cabo la integración de las TIC para el uso pedagógico.

Justamente, hay muchos docentes que en su vida normal participan de  redes, buscan información, pero luego no pueden dar el salto al aula...
Este creo que es uno de los problemas centrales que estamos teniendo al pensar los modelos de desarrollo profesional vinculados con las TIC.
Es bien distinto pensar la capacitación vinculada al uso pedagógico de las TIC que ofrecer sólo la enseñanza de herramientas informáticas básicas. La clave es el fortalecimiento de la función pedagógica de las TIC otorgando un sentido más allá de su uso instrumental y de sí mismas. Me refiero a que se vuelve imprescindible trabajar con el docente las competencias básicas para poder afrontar la inclusión de la tecnología en su tarea.

¿Pero se trata de una cuestión generacional o institucional?
No creo que sea solamente una cuestión generacional, aunque es cierto que hay diferencias entre los que se ha denominado los nativos digitales y los inmigrantes. Es decir, todos nosotros (los inmigrantes) no formamos parte de la generación que ha nacido ya con las TIC como algo cotidiano y eso hace una diferencia. A mí me gusta más usar el término “aprendices en el nuevo milenio”, que se refiere a estos sujetos que han nacido en América Latina en los 90’ y en Europa en los 80’ y que tienen acceso a la tecnología como algo cotidiano y que se manejan con ella permanentemente. Entonces, son multitarea: pueden estar hablando por el celular, chateando con el amigo, haciendo la tarea y viendo televisión o bajándose un video. Estos sujetos, son los nuevos sujetos de la educación. Se señala que priorizan las imágenes, los videos y los formatos audio a los textos escritos, tienen inclusive un pensamiento y una manera de lectura no lineal -esta idea de las ventanas, del hipertexto-; es decir son estudiantes totalmente diferentes al destinatario de la escuela del siglo pasado, donde la secuencia de actividades era lineal, donde la tarea de enseñanza estaba pensada con otros criterios más similares al modelo fabril. La escuela y el docente no están preparados para esto.
Sin embargo, quisiera aclarar que no todos los jóvenes en nuestros países se pueden considerar con estas características de nativos digitales: La conectividad no construye “per se” la generación digital y puede ahondar la brecha entre adultos y jóvenes. Concebir que todos los niños o jóvenes son nativos no tiene en cuenta las continuidades y desigualdades que se presentan en las experiencias culturales de los jóvenes y sus contextos locales de prácticas. Pero por otra parte, se puede ser digital más allá de la fecha de nacimiento: muchos docentes vivimos en contextos digitales, ya sea por nuestros trabajos o por nuestros intereses. En otras palabras, no es la fecha de nacimiento sino el contexto vincular -con los otros y con las máquinas y las pantallas- lo que determinará si somos nativos o inmigrantes.

Pero también está esta otra cuestión, que es lo institucional. Hoy estamos asumiendo que hay tres brechas. Primero, la brecha digital internacional, que es la que separa los datos más globales vinculados a diferencias entre los países. Es muy distinto el acceso a la tecnología y la disponibilidad que tenemos y el uso que hacemos en América Latina al que tenemos en Europa, en Estados Unidos o en Canadá, y hay cifras importantes vinculadas con esto. También hay una diferencia en relación al acceso interno; esto de las zonas urbanas y rurales, la concentración de accesos en Capital Federal y los centros urbanos en relación al interior del país y que ocurre en todos los países, en algunos más y en otros menos. Y también hay una tercera que es la brecha de expectativas, que es la que se construye en relación a las expectativas que los estudiantes de hoy tienen sobre la escuela y lo que la escuela les está ofreciendo, y acá en donde entra el análisis institucional. Es decir, ese docente al que quizás le resulta “amigable” la tecnología, la usa para comunicarse con sus colegas o amigos y busca información en Internet, cuando llega a la escuela a enseñar –es decir, en su tarea- no la incluye, porque de lo que se trata es de poder hacer un “uso pedagógico de las TIC”; es decir, cómo hacemos para que colaboren con una mejor manera de enseñar y de aprender.

Acá entonces hay un tema que tiene que ver con la formación docente...
Estos docentes, por más que sean de una generación más joven, no han sido formados. Dentro de sus matrices de formación no está incluido esto que estamos diciendo, que es cómo usar la tecnología para enseñar mejor. Yo creo que en este sentido el docente hoy está muy tensionado por lo que se le pide que haga -porque hoy hay mucho más consenso que hace diez años atrás de que la tecnología puede llegar a ser un aliado para el docente- y sin embargo, no tiene las herramientas necesarias para poder llevar adelante estos procesos. Entonces, yo lo resumiría en esta idea de intención con contención; es decir, que desde las administraciones educativas es muy importante dar el sentido de la inclusión de las TIC en la escuela, pero también dar contención. Esto es: dar capacitación y claras líneas de formación docente vinculadas con esto, porque muchas veces lo que se dice –cosa que no comparto para nada- es que todo es una cuestión actitudinal y que el docente está resistiendo los cambios.

Como si fuera sólo una cuestión de actitud del docente…
¡Exactamente!, como si fuera un tema individual, que hay docentes que tienen una personalidad más proclive al cambio y otros que son menos proclives. Yo creo que en educación los cambios son complejos, graduales e implican cuestiones culturales y esfuerzos de tiempo. Por otra parte, pienso que muchas veces los docentes no incluyen las TIC en el aula, porque no saben para qué incluirlas. Es decir, no saben cuál es el sentido pedagógico o a veces no saben cómo hacerlo. O tal vez creen que es algo que tienen que hacer, consideran que es beneficioso, pero no tienen las herramientas para incluirlo. Y también hay cuestiones de tiempo: muchas veces las TIC no forman parte de su planificación, porque saben que les va a llevar más tiempo imaginar o diseñar una actividad con TIC que sin ellas.

Claro, en realidad se las debe incluir de modo institucional más que individual, lo cual también requiere de un modo diferente de evaluación...
Algo fundamental es ver si las TIC están incluidas en el proyecto institucional de la escuela o forman parte de algo aparte; es decir, si están sólo en el laboratorio, si es un ratito, si es un momento diferente. Si yo las incluyo como parte del proyecto institucional, lo que nosotros llamamos “Plan de Integración TIC de la Escuela” -donde el innovador no es solamente un maestro o un profesor sino que forma parte de lo que es el plan de integración TIC de la escuela- el modelo de evaluación también es un modelo más integral. Es un modelo de evaluación de procesos, no sólo de resultados, donde voy evaluando aspectos no solamente de infraestructura sino también lo vinculado con lo curricular, las dimensiones que tienen que ver con lo cultural o con la planificación de la tarea e incluso con la necesidad de desarrollo profesional. Porque yo creo que las TIC bien aprovechadas son una mejora a nivel de la planificación del docente, o pueden ser una enemiga cuando no se sabe qué hacer.

¿Estos cambios que menciona requieren también de cambios que se orienten hacia una capacitación permanente?
En cualquier disciplina necesitamos capacitación permanente e ir reconvirtiéndonos y teniendo nuevas competencias.  No nos alcanzan los conocimientos en la formación inicial, sea para el docente, sea para el médico, o sea para el abogado. Es decir, vamos a necesitar seguir aprendiendo toda la vida. Entonces, aquí las TIC también son aliadas, porque me pueden ayudar en este proceso.
Sin embargo, cuando hablamos de capacitación docente tenemos que pensar en un modelo más centralizado en la escuela y en las necesidades de la escuela, más vinculado con su diagnóstico de problemas, con las principales cuestiones que quiera tomar en su proyecto institucional, etc. Es decir, una capacitación a nivel más de la institución, más centrada en las necesidades de la escuela.

¿Qué propuestas se llevan adelante desde IIPE- UNESCO para lograr esta inclusión de las TIC en la escuela?
En muchas de las investigaciones y de los trabajos que hemos hecho desde el IIPE vemos la importancia de incluir en las escuelas esta idea del referente TIC o facilitador. El referente es alguien a quien el docente puede recurrir cuando frente a este desafío se plantea ¿qué hago?; ¿cómo integro las TIC a mi tarea? Porque se trata no solamente de aprender “con” la tecnología, sino también “de” la tecnología y “sobre” la tecnología. Sabemos que la tecnología no es neutra, por eso es importante hacer una reflexión en relación con los sentidos de interacción de la tecnología y para eso es necesario convocar a otros actores.
Esta idea del referente TIC la desarrollamos acá, en el IIPE, en el año 2003 y la hemos probado en distintas provincias. Por ejemplo, la provincia de Córdoba ha incluido esta figura de facilitador o referente TIC en su plan de integración provincial. Se lo concibe como alguien que no necesariamente viene de la Informática, sino que tiene formación pedagógica, que puede ser un docente avezado al que le resulte “amigable” la tarea de la tecnología y le guste colaborar con otros. El gobierno de Irlanda, con el que nosotros hemos trabajado mucho, tiene una frase para definir a este referente TIC: es este docente o este actor que en la escuela se pone sobre tu hombro y mientras vos estás trabajando, te va acompañando en ese proceso. Esta es una idea muy potente, que tiene que ver con acompañar los procesos de cambio, de cooperación y colaboración con otros, y tiene mucho que ver con la concepción de la Web 2.0 y el paradigma de construcción del conocimiento en el siglo XXI.


Lejos de la revolución

Uno de los puntos más destacados del documento del CFE sobre la Nueva Secundaria es el tema del fracaso escolar. ¿Cómo se podría evitar que los chicos fracasen, ya que cada vez van subiendo más los niveles de repitencia?
Por ejemplo, las TIC pueden ser un punto de apoyo para la tarea escolar. ¿Qué pasó con la Gripe A? Había que resolver un problema y aquí las TIC funcionaron como aliadas, como disparador para resolverlo. Los blogs, los wikis o -para aquellos docentes que todavía no se animan- el correo electrónico creo que pueden funcionar como apoyo para la tarea del aula. No digo que van a solucionar el fracaso escolar, porque el tema es mucho más complejo, pero, evidentemente aquí pueden contribuir.
Otro tema vinculado con el fracaso es el de aquellos estudiantes que se alejan de la escuela no por cuestiones socioeconómicas, sino porque las expectativas que ellos tienen no se cubren con lo que la escuela les está ofreciendo, porque la sienten lejana, fuera de sus intereses. Frente a este tipo de fracaso, que es el vinculado con las expectativas, las TIC también pueden colaborar. ¿Qué pasa con ese alumno que está desinteresado cuando yo le digo “vos, que sabés más que yo en esto, por qué no venís y nos ayudás?”. Pero esto desestabiliza mucho. La verdad es que para el docente, el encontrarse con que los alumnos pueden saber más que él en ciertas situaciones, resulta angustiante, y esto hay  que tenerlo en cuenta cuando uno piensa la viabilidad política de los proyectos, tanto a nivel micro como a nivel macro.

Esta nueva Escuela Secundaria, ¿qué debería incluir para que los alumnos se sientan interesados, para llegar a ellos de acuerdo con sus gustos y a sus intereses?
En primer lugar, nuevos espacios que puedan incorporar la virtualidad en su propuesta de enseñanza, una escuela que pueda compartir recursos, que me parece que es mucho más que pensar sólo en los recursos informáticos. La capacitación es un recurso. En segundo término la variedad operativa de las actividades: es decir, una escuela que ofrezca actividades variadas y no un solo formato de actividades, que generalmente es la clase frontal, sino poder trabajar en distintos formatos como el multimedia.
Y acá voy a decir algo que me parece que puede ser también una oportunidad para muchas instituciones, que es la inclusión de tecnología de bajo costo, como los celulares. Es decir, poder utilizar el celular no como un enemigo del aula y de la tarea docente, sino como un aliado. Si uno entra en Internet, en Google, y pone m-learning se encuentra con docentes que están usando el celular para actividades de investigación, ya sea a través de videos o de fotos, o en búsquedas. En muchísimas escuelas, por no decir en todas, hay por lo menos uno o dos celulares en el aula...

Pero a los alumnos le prohíben el uso de los celulares. Los alumnos lo tienen que dejar...
Es que se lo prohíben porque no saben qué hacer con la inclusión del celular; es decir, persiste esta idea de que las TIC llegaron para quedarse afuera de la escuela. Las TIC llegaron para quedarse y, nos guste o no, son una revolución, y muchos analistas comparan su irrupción con la  aparición de la imprenta. Estamos hablando de una revolución que impacta en  la alfabetización, que marca quienes están adentro y quienes están afuera, que señala la urgencia de  democratizar el saber si queremos llegar a la sociedad del conocimiento.
Pero esta revolución quedó afuera de la escuela. Cuando volvemos a la escuela nos encontramos de nuevo con el mismo formato de exposición espacial, el mismo formato de tiempos y donde la virtualidad no se concibe como dimensión pedagógica.  

¿Qué otras propuestas vislumbra para incluir las TIC en la Secundaria?
Otras cuestiones vinculadas con la Nueva Escuela Secundaria y las Tic podrían ser  
  • Nuevas planificaciones: es decir, un docente que pueda diseñar su tarea atendiendo al contexto, abriendo la puerta y la ventana a otras organizaciones sociales que pueden ser aliadas de la escuela en el proceso de enseñar.
  • Búsqueda de información: promover la búsqueda de información para tener distintas fuentes de conocimiento.
  • Saber cómo se hacen las cosas en otros lugares, tanto para los alumnos como para los docentes.
  • Establecer canales de comunicación con los padres, y no solamente en el momento de las reuniones de padres, sino que el padre pueda tener un acceso mucho más cotidiano, y acá las TIC pueden ser un aliado para información sustantiva de sus hijos.
  • Espacios de aprendizaje alternativos: que la tecnología pueda promover espacios o entornos virtuales; es decir, encontrarnos de otra manera.
  • Una escuela capaz de pasar de transmitir información a ser gestora de conocimientos, que son dos cosas diferentes. Y en ese sentido, pensar a los alumnos más como productores y no sólo como consumidores de información.

Si yo lo tuviera que sintetizar, diría que hay que pensar en esta idea de escuela wiki, donde se colabore, se contribuya, se compartan recursos, conocimientos, información y donde no sólo los estudiantes aprendan, sino que aprendan los docentes, los directores y la escuela en su conjunto. La idea de escuela inteligente, que es una escuela que pueda aprender junto con sus estudiantes. Entonces, el desafío es mayor, porque no es cómo aprenden los chicos, que por supuesto es fundamental, sino cómo aprendemos cómo institución.

Esta idea del aprendizaje colaborativo, del aprender junto con otros, es un modo potente  para propiciar la formación ciudadana…
Así es. Yo creo que acá tenemos que pensar esta idea de multialfabetización: hoy no alcanza con la lectoescritura, sino que estamos hablando de una alfabetización digital diferente. Tenemos una dimensión instrumental, que es ésta de la que hablábamos, de acceder a la información; una dimensión cognitiva, de saber transformar la información en conocimiento; y la dimensión comunicativa, de expresar y difundir información, que es fundamental. Pero también hay una dimensión axiológica y acá me quisiera detener, porque me parece que la escuela tiene un papel muy importante: los docentes y la escuela no pierden su lugar con las TIC, sino al contrario, yo creo que pueden revalorizarlo y ubicarse en una posición de liderazgo, en el saber usar las TIC democrática y éticamente. Por ejemplo, saber usar la información desde el punto de vista ético es respetar al otro, de aceptar las diferencias, de no homogeneizar. Fíjense que un riesgo que tienen, por ejemplo, las redes de Internet es que pueden llegar a cristalizar algo que tiene que ver con la sociedad, que es la segmentación y la discriminación; es decir: “que se junten los que piensan como yo”. En esto la escuela tiene mucho para decir y el docente tiene mucho para orientar en la tolerancia: el que piensa distinto que yo no tiene que ser mi enemigo ni mucho menos, sino que una sociedad democrática se construye desde distintas voces, posicionamientos y visiones, y el enriquecerme de las visiones y miradas del otros va a hacer que nuestra sociedad sea mejor y nuestro proyecto de país crezca. Yo creo que esto nos da la oportunidad de redefinir nuestro rol docente hacia modelos mucho más inclusivos, éticos, de calidad y hasta yo diría, más satisfactorios para la tarea docente, para nuestras prácticas.


* María Teresa Lugo es Magíster en TIC aplicadas a la educación (Universidad Autónoma de Barcelona). Es Lic. en Ciencias de la Educación (Universidad de Buenos Aires). Tiene estudios de postgrado en Dirección de Centros Educativos por la Univ. Autónoma de Barcelona. Ha realizado estudios de especialización en Enseñanza para la Comprensión en Harvard University School of Education. Participa desde el año 2000 del proyecto docente de la Universidad Virtual de Quilmes (Argentina). Es Coordinadora
de proyectos TIC y Educación de IIPE UNESCO Buenos Aires desde el año 2003. Participó del equipo de creación y fue Directora Académica de la Universidad Virtual de Tres de Febrero (UNTREFVIRTUAL). Fue Consultora de UNESCO/IESALC, dirigiendo en 2002 la investigación sobre Universidades Virtuales en Argentina y en el 2005 participando del equipo de evaluación de Universidades Virtuales en Bolivia.
Es profesora de Maestría de la Universidad ORT Uruguay desde el año 2000 y lo fue de la Universidad Torcuato Di Tella. Fue profesora de la Universidad de San Andrés y actualmente es profesora de la Universidad Católica Argentina en su licenciatura de Educación. Ha dirigido el Programa de Capacitación a Distancia de equipos directivos del Ministerio de Educación de la Nación. Fue profesora de la UBA, y asesoró al Instituto Nacional de la Administración Publica (INAP) de Argentina y a la Universidad Nacional de Gral. San Martín en proyectos de formación virtual de postgrado.
Tiene diversas publicaciones, artículos y libros en colaboración sobre Gestión y Planificación de proyectos educativos y Educación virtual.

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